martes, 2 de febrero de 2010

Viveza


No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo
extraordinario.

No dejes de creer que las palabras,
las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra alma está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes. Huye.

"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro y,
encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron,
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros, los "poetas vivos".

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ....

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa...
No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.


Walt Whitman (1819 - 1892)

Ilustración: "City view" Joop Plasmeijer

martes, 30 de junio de 2009

Pinturas de Belén Segura




Belén Segura Garrido


Inaguración de la exposición colectiva de la Asociación Cultural "Celia Viñas" en los Aljibes Árabes de Jayran -Almería -11 junio 2009

miércoles, 20 de mayo de 2009

Estaré donde menos lo esperes


Por Gioconda Belli



A Mario Benedetti no se le notaba que era poeta. Era un hombre de mediana estatura, la espalda un poco encorvada, el rostro quieto y observador, el bigote quizás era lo único que lo delataba como alguien con un sentido especial de sí mismo. En las reuniones, no era el más chispa, ni el más sonoro. Lo miraba todo con ojos de conocedor, pero sin hacer alarde de su hondura o su sabiduría.


Sonreía con esa melancolía propia de la gente del Sur, gente que ha sufrido y que se toma la alegría y la risa con su gramo de sal, pero sin escatimar la plena importancia de la gracia de quienes saben hacer reír. Era un partícipe amable de las reuniones, sin un ápice de arrogancia, sin compulsión alguna por llamar la atención. Iba y venía con el ánimo del grupo sin perder su centro, sus ojillos de liebre atentos al movimiento: un hombre interior que se bebía el mundo callado y sin estridencias.


Cuando lo conocí en La Habana, en 1981, en la Casa de las Américas, en su oficina, quise decirle y creo que le dije, lo mucho que me había acompañado.Recordaba noches enteras de mi exilio en México y en Costa Rica, leyéndolo ávidamente. Su poesía era de esas que me ponían la piel tierna. Le dije que sus poemas eran como el gatillo de una pistola que se disparaba dentro de mí y me llenaba de palabras, de ecos. No había vez que no lo leyera sin que me poseyera el deseo de escribir poemas también. Y era porque me ponía la piel suave, me abría el camino hacia una intimidad que me revelaba cosas de mí misma que yo ignoraba antes de leerlo. El sonrió escuchándome, me agradeció el homenaje con un movimiento breve de su cabeza y siguió conversando sobre su trabajo en la Casa de las Américas donde coordinaba el premio cubano de cuyo jurado formé parte aquel año.


Vi a Mario muchas veces más. Se convirtió en amigo, en ser cercano, en uno de esos privilegios que la vida nos depara con su misteriosa generosidad. Y estuvo en Nicaragua durante la revolución, departiendo como solía hacerlo, con una humildad dulce y verdadera que lo hacía ser aún más adorable, porque uno sabía de quién se trataba y se maravillaba de ver aquel ser cuyo nombre andaba de boca en boca en toda América Latina, comportándose con esa sencillez; la sencillez que lo hacía ser precisamente el poeta que era, un poeta transparente, sin ningún artificio, un ciudadano de la vida sin más gloria que la de saber que su oficio era vivir y contarlo.


Fui a visitarlo en Montevideo en 2008. Lo vi como una cascarita de nuez, agrietado y frágil en el sillón donde me recibió en su casa. Ya estaba muy enfermo. Ya había muerto Luz, su esposa, y la soledad y la tristeza rodeaban su intimidad de pasajero que no terminaba de acomodarse ni en la vejez, ni en la proximidad de la muerte. Sus ojos vivaces seguían brillando. Brillaban más, si es posible que años atrás cuando andaba más vivo por la vida. Hablamos de poesía, de Nicaragua. Me contó de su cansancio ingrato, pero también de sus proyectos, de los libros que seguía escribiendo. Y lloré cuando partí, cuando la puerta de su apartamento se cerró tras de mí y de Hortensia Campanella con quien fui a visitarlo. Sabía que no lo vería ya más. Era evidente que se apagaba como un cirio que llegaba al cabo a su último resplandor. Y que se apagara, la certeza de que aquella palabra se diluiría en el tiempo y la lluvia, me llenó de tristeza y de inconformidad.


Ahora Mario ha dejado ya su apartamento. No volverá a sus libros, a su sillón cerca de la ventana. No escribirá más sus versos con mano temblorosa. El hueco del espacio que ocupaba es una muesca doliente en el árbol de la poesía viva de América Latina. Se ha marchado al cielo de los poetas y creo que será uno de los que más se asomarán a las ventanas de la noche estrellada. Tan quieto y dulce como era, tengo la seguridad que será de los que más extrañen estar aquí, oír el sonido de los demás, captar el movimiento del sol sobre la acera, el paso de las tardes, el rumor de las parejas en los parques, porque nadie como él sabía hacer el silencio interior que se requiere para escuchar, para estar atento, para captar el pálpito ajeno, ése que hacía que su poesía fuera tan nuestra, como si la escribiera desde un corazón que prestaba a cada quién y devolvía con creces.



Mayo de 2009



Foto: Los Tiempos.com
Carta publicada en Grupo de Gioconda

miércoles, 11 de marzo de 2009

Roma


"A Roma, mi Romita..."


Alma de bohemio, peregrino y soñador


En líneas generales:
Roma es el AMOR entre una pareja, de ésta a su hijo y del niño a sus padres en el enimágnito Buenos Aires de los años 50 - ¿es así el Montevideo de hoy?.
Roma es una MUJER inteligente, culta y fuerte que confía plenamente en el talento de su - no tan provechoso - hijo.
Roma es una VIDA, la vida.

En detalle:
Roma es un compendio hermosísimo de música, literatura, ideales, cine, emociones, esperanzas, deseos, fracasos...




Foto: Susú Pecoraro en "Roma" (2004) de Adolfo Aristarain


Enlace: Cine Nacional

sábado, 24 de enero de 2009

Recuerdos

Memories, like the corners of my mind.
Misty watercolour memories of the way we were


Hubbell: Nunca te rindes, ¿no?
Katie: Sólo cuando estoy completamente forzada a hacerlo. Pero soy una buena perdedora.
Hubbell: Mejor que yo.

Katie: Bueno, yo he tenido... más práctica.

Katie: Tu chica es encantadora, Hubbel. ¿Por qué no te la traes a tomar algo cuando vengas (a casa)?
Hubbel: No puedo ir, Katie. No puedo.
Katie: Lo sé.

If we had the chance to do it all again, tell me, would we?, could we?

Sidney Pollack, Barbra Streisand and Robert Redford on the set of "The way we were" (1973)

Music Video: The way we were by Barbra Streisand

"The way we were" Oscar 1973: canción, banda sonora original

Fuentes: The Madison Avenue Journal Olgahawks's Flickr

sábado, 10 de enero de 2009

Lights will guide you home


When you try your best but you don't succeed
When you get what you want but not what you need
When you feel so tired but you can't sleep
Stuck in reverse.

And the tears come streaming down your face
When you lose something you can't replace
When you love someone but it goes to waste
Could it be worse?

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you

And high up above or down below
When you're too in love to let it go
But if you never try you'll never know
Just what you're worth
Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you

Tears stream, down your face
When you lose something you cannot replace
Tears stream down your face
And I...

Tears stream, down your face
I promise you I will learn from my mistakes
Tears stream down your face
And I..

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you.


Music Videos:

Foto: Castillo de Vélez Blanco de blanco por una intensa niebla una mañana en estas pasadas navidades.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Yes, Virginia, there is a Santa Claus


Página editorial en The Sun, 21 sept 1897
Nos complacemos en contestar la carta que más abajo transcribimos, expresando, al mismo tiempo, nuestra gran satisfacción por el hecho de que su fiel autora se encuentre entre los amigos de THE SUN:

“ESTIMADO EDITOR: Tengo 8 años.
"Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe.
"Papá dice, ‘Si lo dice THE SUN, entonces es cierto’.
"Por favor, dígame la verdad, ¿existe Santa Claus?.
"
VIRGINIA O'HANLON.
"115 WEST NINETY-FIFTH STREET".

"Virginia, tus amiguitos están equivocados. Les ha afectado el escepticismo de una era escéptica. No creen más que lo que ven. Creen que no puede existir nada que no sea comprensible para sus mentes pequeñas. Todas las mentes, Virginia, sean de hombres o de niños, son pequeñas. En este gran universo nuestro, el hombre es simplemente un insecto, una hormiga, en lo que a su intelecto se refiere, comparado con el mundo ilimitado que lo rodea, según se mida la capacidad de la inteligencia para captar la verdad y el conocimiento totales.

Sí, Virginia, existe Santa Claus. Tan cierto que existe como existe el amor y la generosidad y la devoción, y tú sabes que éstos abundan y le dan a tu vida los may­o­res encantos y alegrías. ¡Ay! ¡qué sombrío sería el mundo si Santa Claus no existiera! Sería tan deprimente como si no existieran VIRGINIAS. No existiría la fe ni la ingenuidad infantiles entonces, ni la poesía, ni el encanto para hacer pasable esta existencia. No tendríamos el placer, excepto en el juicio y la vista. La luz eterna con la que la infancia llena el mundo se habría extinguido.

¡No creer en Santa Claus! Podrías del mismo modo no creer en las hadas. Podrías conseguir que tu padre contratara hombres que revisaran todas las chimeneas la noche de Navidad para atrapar a Santa Claus, pero incluso si no vieran a Santa Claus bajando, ¿qué probaría esto? Nadie ve a Santa Claus, pero eso no significa que Santa Claus no exista. Las cosas más reales en el mundo son aquellas que ni los niños ni los hombres pueden ver. ¿Has visto tú alguna vez a las hadas danzando sobre el césped? Claro que no, pero eso no es prueba de que no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas que no son ni vistas, ni visibles en el mundo.

Puedes desgarrar el sonajero de un bebé y ver por dentro qué produce el sonido, pero hay un velo que cubre el mundo oculto que no podría desgarrar ni el hombre más fuerte, ni incluso la fuerza unida de todos los hombres más fuertes que hayan existido. Sólo la fe, la fantasía, la poesía, el amor, el encanto, pueden apartar esa cortina y mirar e imaginarse la belleza y el esplendor que hay más allá. ¿Es todo real? Ah, VIRGINIA, en todo este mundo no hay nada más real y permanente.

¡Qué no existe Santa Claus! Gracias a Dios, existe y existirá siempre. Dentro de mil años, Virginia, no, dentro de diez veces diez mil años, continuará para alegrar el corazón de los niños."

Francis Pharcellus Church to Virginia O'Hanlon in the New York's Sun, September 21, 1897

Fuentes: Sycamore Review Newseum